Del cáncer de la guerra a la guerra contra el cáncer
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Misterios Militares de la Historia
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España e Italia han firmado una nueva alianza para coordinar y ejecutar conjuntamente el proyecto Corbeta de Patrulla Europea (EPC). Todo ello con el objetivo de diseñar y desarrollar un nuevo buque de guerra tipo corbeta, modular, polivalente e interoperable. Consulta en este artículo todo lo que debe saber sobre la nueva alianza a la que han llegado España e Italia para fabricar el nuevo buque de guerra en Europa.
España e Italia liderarán el proyecto para construir el nuevo buque de guerra que compartirán 12 países de la Unión Europea. Mientras sigue el conflicto en Oriente Medio, en la Unión Europea se ha tomado una decisión para desarrollar un proyecto que involucra a un total de 46 empresas dentro del territorio y 12 países miembros. Todo con el objetivo de diseñar y desarrollar un buque tipo corbeta, modular, polivalente e interoperable.
El astillero español Navantia y el grupo italiano de construcción naval Fincantieri han anunciado a través de sus canales oficiales que han firmado un Memorando de Entendimiento (MoU) para coordinar y ejecutar conjuntamente el proyecto Corbeta de Patrulla Europea (EPC). «La EPC es un proyecto enmarcado en PESCO, una de las iniciativas europeas de defensa más ambiciosas, respaldado por el Fondo Europeo de Defensa (EDF) a través del programa Multi Mission Patrol Corvette (MMPC)», informó Navantia a través de su página web oficial.
Según informó el astillero español, este proyecto está dentro de la fase Call 1, que tiene como objetivo lograr un diseño certificado y construir una plataforma para cada una de las dos versiones previstas: el buque de combate (Full Combat Multipurpose) y el buque de patrulla (Long Range Multipurpose). Acto seguido se pasará a la fase Call 2, destinada al diseño del proyecto y en la que se invirtió en su día nada más y nada menos que 153 millones.
«Navantia y Fincantieri han firmado el MoU para gestionar y ejecutar conjuntamente el programa a través de una joint venture que estará abierta a la participación de otros socios del proyecto. Además, ambas compañías impulsarán el progreso del programa colaborando en el diseño de la versión Full Combat Multipurpose de la EPC y trabajarán conjuntamente para su comercialización entre otros socios europeos», informaron desde Navantia.
Ricardo Domínguez, presidente de Navantia, informó tras anunciar el acuerdo entre España e Italia por el nuevo buque de guerra que «la industria desempeña un papel fundamental en la construcción de la defensa europea». «Con nuestra colaboración, Navantia y Fincantieri damos un impulso significativo a las capacidades de defensa de Europa. Trabajaremos juntos para definir una nueva clase de corbetas multipropósito, innovadoras, interoperables y ciberseguras que respondan a los requisitos no solo de la Armada Española y de la Marina Militare, sino también de otras marinas europeas», informó.
«Este acuerdo supone un paso decisivo en el programa EPC, un proyecto que encarna el espíritu de cooperación europea y la excelencia tecnológica. Al unir fuerzas con Navantia, no solo estamos respondiendo a las necesidades de nuestras respectivas marinas, sino sentando las bases de un nuevo estándar en la defensa marítima europea. La EPC es más que un buque: es una plataforma estratégica para la interoperabilidad, la innovación y la seguridad», declaró el consejero delegado y director general de Fincantieri, Pierroberto Folgiero.
Una corbeta es una de las llamadas «fragatas ligeras» que están destinadas al patrullaje costero, guerra antisubmarina o escolta de otras embarcaciones más grandes. También son muy útiles como buques de combate cercano con una mayor versatilidad y movilidad. Su peso oscila entre las 1.000 y 3.000 toneladas, lo que le hace desplazarse de mejor forma entre las olas que otros barcos con más tonelaje, ya que su eslora ronda los 100 metros.
Por lo que respecta al armamento, suelen estar ataviadas de misiles antibuque, defensas antiaéreas, cañones de mediano calibre o sistemas antisubmarinos.
El puerto de Génova amplía su capacidad con megacajones de hormigón del tamaño de edificios de diez plantas en una de las obras offshore más complejas de Europa.

Italia está llevando a cabo una de las obras marítimas más complejas y ambiciosas de Europa de los últimos años. Hablamos de la colosal transformación del puerto de Génova, una operación que lleva años gestándose. Frente a la costa del Mediterráneo, el país está construyendo un gigantesco rompeolas offshore para rediseñar por completo el acceso marítimo al principal complejo portuario del norte italiano y adaptarlo a la nueva generación de megabuques que dominan el comercio mundial.
Desarrollado por el consorcio PerGenova Breakwater y liderado por Webuild para la Autoridad Portuaria del Mar de Liguria Occidental, el proyecto destaca por sus cifras impresionantes. Parte de las cimentaciones se están ejecutando a unos 50 metros bajo el nivel del mar, una profundidad poco común incluso en grandes proyectos portuarios europeos. Según la compañía, se trata de la infraestructura de este tipo más profunda construida actualmente en Europa.

La futura barrera marítima superará los seis kilómetros de longitud y estará formada por enormes cajones celulares de hormigón armado. Algunas de estas piezas alcanzan hasta 67 metros de largo, más de 30 metros de ancho y cerca de 33 metros de altura, dimensiones comparables a las de un edificio de diez plantas. Cada módulo se fabrica por separado, se transporta mediante embarcaciones especializadas y se hunde cuidadosamente sobre bases preparadas previamente en el fondo marino.

Posteriormente, las cavidades internas de los cajones se rellenan con roca para aumentar su peso y reforzar la estabilidad de toda la barrera frente al oleaje y las corrientes del Mediterráneo. El objetivo de la obra va más allá de proteger el puerto. Génova busca ampliar su capacidad operativa para permitir la entrada de gigantescos portacontenedores de más de 400 metros de eslora y unos 60 metros de manga. Además, se pretende facilitar la llegada de cruceros de nueva generación y reforzar la posición estratégica de la ciudad en las rutas comerciales que conectan Asia, Europa y América.
El proyecto requiere una operación logística colosal en mar abierto. Más de 60 embarcaciones transportan materiales, realizan operaciones submarinas y controlan la técnica. Las actividades bajo el agua suman cientos de días de trabajo ininterrumpido. A finales de abril de 2026, Webuild instaló el vigésimo cajón y finalizó más de 880 metros. El rompeolas de Génova es una de las mayores demostraciones de ingeniería offshore en el Mediterráneo.

la “contaminación de la razón que desde el plano geopolítico invade toda relación social”, generando un mundo “deformado” por las guerras y por las palabras de guerra.
practicar sabio ejercicio de la memoria y a “custodiar la justicia”, así como a vigilar el desarrollo y la aplicación de las inteligencias artificiales en el ámbito militar y civil.
un rearme de los Estados revestido de estrategias de “defensa”; la exhortación a emplear inteligencia y audacia en la búsqueda de la justicia, la paz y el cuidado de la Tierra, eligiendo siempre el camino de un uso ético de las tecnologías; y la invitación a escuchar y a no alimentar el malestar de muchos jóvenes mediante interpretaciones distorsionadas de lo que significa ser maestros.
En una fragua de conocimiento como es el mundo universitario, que informa y forma cerebros y conciencias, el Papa siente aún más la urgencia de reafirmar su “no” a la guerra y a la espiral mortífera de la que esta se alimenta.
León XIV visita la Universidad La Sapienza, la más antigua de Roma, y en su discurso se detiene en la “contaminación de la razón que desde el plano geopolítico invade toda relación social”, generando un mundo “deformado” por las guerras y por las palabras de guerra. Invita a practicar un sabio ejercicio de la memoria y a “custodiar la justicia”, así como a vigilar el desarrollo y la aplicación de las inteligencias artificiales en el ámbito militar y civil.
Antonella Palermo – Roma
Signo de una nueva alianza educativa entre la Iglesia de Roma y la prestigiosa universidad que precisamente nació en el seno de la Iglesia hace siete siglos. Este es el sentido de la visita que el Obispo de la ciudad, el Papa León, realiza hoy, jueves 14 de mayo, a la comunidad educativa de La Sapienza y a sus estudiantes. Una alianza que ya se consolidó el pasado mes de febrero con la firma -muy apreciada por el Papa- del acuerdo entre la Diócesis y La Sapienza para la apertura de un corredor humanitario universitario desde la Franja de Gaza.
En su discurso pronunciado en el Aula Magna, el Pontífice ofrece una amplia reflexión en la que confluyen las preocupaciones por un rearme de los Estados revestido de estrategias de “defensa”; la exhortación a emplear inteligencia y audacia en la búsqueda de la justicia, la paz y el cuidado de la Tierra, eligiendo siempre el camino de un uso ético de las tecnologías; y la invitación a escuchar y a no alimentar el malestar de muchos jóvenes mediante interpretaciones distorsionadas de lo que significa ser maestros.
Un momento del encuentro del Papa con los estudiantes y profesores de la Universidad de La Sapienza (@Vatican Media)
En una fragua de conocimiento como es el mundo universitario, que informa y forma cerebros y conciencias, el Papa siente aún más la urgencia de reafirmar su “no” a la guerra y a la espiral mortífera de la que esta se alimenta.
“Lo que está ocurriendo en Ucrania, en Gaza y en los territorios palestinos, en Líbano, en Irán, describe la evolución inhumana de la relación entre guerra y nuevas tecnologías en una espiral de aniquilación. El estudio, la investigación, las inversiones vayan en la dirección opuesta: ¡sean un radical “sí” a la vida! ¡Sí a la vida inocente, sí a la vida joven, sí a la vida de los pueblos que invocan paz y justicia!”
Consciente de que a las nuevas generaciones se les está entregando “un mundo tristemente deformado por las guerras y por las palabras de guerra”, León interpela a los adultos y subraya que se trata de una “contaminación de la razón que, desde el plano geopolítico, invade toda relación social”.
De ahí procede la invitación a no ceder a reduccionismos fáciles de la historia, a volver a tomar en las manos la Carta Constitucional y a redescubrir los valores sobre los que se fundan las democracias y la libertad de los pueblos y de las personas.
“La simplificación que construye enemigos debe entonces corregirse, especialmente en la universidad, mediante el cuidado por la complejidad y el sabio ejercicio de la memoria. En particular, no debe olvidarse el drama del siglo XX. El grito “¡nunca más la guerra!” de mis predecesores, tan acorde con el rechazo de la guerra sancionado en la Constitución Italiana, nos impulsa a una alianza espiritual con el sentido de justicia que habita en el corazón de los jóvenes, con su vocación de no encerrarse entre ideologías y fronteras nacionales.”
Frente al aumento del gasto militar, especialmente en Europa, el Pontífice vuelve a advertir que este es un camino demasiado peligroso y, sobre todo, invita a depurar el lenguaje de las mistificaciones:
“No se llame “defensa” a un rearme que aumenta tensiones e inseguridad, empobrece las inversiones en educación y salud, desmiente la confianza en la diplomacia, enriquece a élites a las que nada les importa el bien común.”
“Vigilar el desarrollo y la aplicación de las inteligencias artificiales en el ámbito militar y civil -es otra de las indicaciones de León XIV- para que no desresponsabilicen las decisiones humanas ni empeoren la tragedia de los conflictos”.
Una advertencia especialmente crucial en una época de aceleraciones sin precedentes en sectores de investigación que necesitan orientarse hacia destinos vitales, no mortíferos ni suicidas.
En este horizonte de atención al bien común y a la paz, se inserta la inyección de valentía que el Papa ofrece a los jóvenes, mostrando comprender bien las razones del malestar de muchos de ellos. Un malestar que debe verse, reconocerse y acogerse, no estigmatizarse, sino ayudarse a superar. Para que las “terribles injusticias” del mundo no lleguen a inhibir talentos y energías ni a quebrantar las esperanzas.
Pero nadie puede robar el futuro a los muchachos y muchachas, recuerda el Papa. Y al decir esto, probablemente habrá pensado en su propio pasado de estudiante y de profesor; ciertamente pensó -como el propio León admite- en las inquietudes del joven Agustín, que cometió “graves errores”, pero de quien “nada se perdió de su pasión por la belleza y la sabiduría”.
León XIV en la visita pastoral a la Universidad La Sapienza de Roma, jueves 14 de mayo de 2026 (@VATICAN MEDIA)
Lo importante es mantener bajo control la ansiedad por tener que agradar, que a menudo está en la raíz de los malestares y dificultades de esta edad:
“Hoy esto depende cada vez más del chantaje de las expectativas y de la presión del rendimiento. Es la mentira invasiva de un sistema distorsionado, que reduce a las personas a números, exacerba la competitividad y nos abandona a espirales de ansiedad. Precisamente este malestar espiritual de muchos jóvenes nos recuerda que no somos la suma de lo que tenemos, ni una materia ensamblada al azar en un cosmos mudo. ¡Somos un deseo, no un algoritmo! Precisamente esta dignidad especial nuestra me lleva a compartir con ustedes dos preguntas.”
Transformar la inquietud en profecía: este es hoy el mandato del Sucesor de Pedro, a quien le preocupa que la Casa común goce de buena salud. A más de diez años de Laudato si’, reconoce que el “paradigma posesivo y consumista” ha sofocado buenas intenciones y buenas prácticas inspiradas por la encíclica de Francisco. Pero ha llegado el momento de relanzar el compromiso, pasando de la hermenéutica a la acción:
“¡Estudien, cultiven, custodien la justicia! Junto conmigo y con tantos hermanos y hermanas, sean artesanos de la verdadera paz: una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante, trabajando por la concordia entre los pueblos y por el cuidado de la Tierra.”
El saber no sirve solo para alcanzar objetivos laborales, sino para discernir quién se es. Esta es la reflexión dirigida especialmente al cuerpo docente con la que León XIV concluye su discurso. Existe una responsabilidad en la profesión de profesor que no puede reducirse a un pragmatismo meramente basado en nociones. Recuperar este fundamento es esencial, y León lo expresa con palabras cristalinas:
“Enseñar es una forma de caridad, tanto como debe serlo socorrer a un migrante en el mar, a un pobre en la calle o a una conciencia desesperada. Se trata de amar siempre y en cualquier circunstancia la vida humana, de valorar sus posibilidades, de modo que se pueda hablar al corazón de los jóvenes, sin apuntar solo a sus conocimientos. Enseñar se convierte entonces en testimoniar valores con la vida: es cuidado por la realidad, es sentido de acogida hacia aquello que todavía no se comprende, es decir la verdad. ¿Qué sentido tendría, por otra parte, formar a un investigador o profesional que no cultive su propia conciencia, el sentido de la justicia y el respeto por aquello que no se puede ni se debe dominar? El saber, de hecho, no sirve solo para alcanzar fines laborales, sino para discernir quién se es. A través de las clases, las prácticas, la interacción con la ciudad, las tesis y los doctorados, cada estudiante puede siempre encontrar nuevas motivaciones, poniendo orden entre estudio y vida, entre instrumentos y fines.”
El Reino Unido acelera la transformación de su flota a través del desarrollo de una "Armada Híbrida", con la que quiere consolidar una alianza naval del norte de Europa. Esta estrategia, impulsada por el First Sea Lord, General Gwyn Jenkins, se articula en torno a la integración de plataformas tripuladas, no tripuladas y autónomas, y a la cooperación multinacional a través de la Fuerza Expedicionaria Conjunta (JEF).
Como ha explicado Jenkins en el anuncio del proyecto, el ejemplo más reciente de la utilidad de estos sistemas se observa en los conflictos actuales, como la guerra en Ucrania, donde drones y embarcaciones no tripuladas han logrado incapacitar una parte significativa de la flota rusa en el Mar Negro. Esta realidad ha impulsado a la Marina Real a acelerar la incorporación de tecnologías autónomas, con ejercicios de simulación y la adquisición de embarcaciones no tripuladas para entrenamiento y operaciones anfibias.
La Armada Híbrida supone una de las apuestas más ambiciosas de la Marina Real Británica para adaptarse a los cambios tecnológicos y estratégicos. El plan contempla la combinación de buques, aeronaves y submarinos tradicionales con drones y sistemas de armas autónomos. Según Jenkins, esta integración no pretende sustituir las capacidades convencionales, sino aumentar la capacidad de respuesta, la letalidad y la flexibilidad de la flota, en un contexto en el que el coste y la agilidad se convierten en factores decisivos.
La estrategia incluye programas como ‘Atlantic Bastion’, enfocado en la defensa del Atlántico Norte mediante redes de sensores y escoltas autónomos, y 'Atlantic Shield’, que busca reforzar la defensa aérea y antimisiles ante amenazas emergentes. Además, se prevé incrementar la interoperabilidad entre plataformas y la capacidad de respuesta ante incursiones submarinas rusas, que han crecido en los últimos años según fuentes navales británicas.
“Estamos pasando de las palabras a los hechos. Una Armada Híbrida. Aliados del norte. Disuasión real en el Alto Norte y el Atlántico Norte en apoyo a la OTAN”, afirma el Ministerio de Defensa británico. El Reino Unido lidera una nueva fase de la Fuerza Expedicionaria Conjunta, que busca unir a las marinas del norte de Europa y potenciar la combinación de capacidades tripuladas y autónomas.
La semana pasada, todos los países miembros de la JEF firmaron una declaración de intenciones para elaborar propuestas detalladas que permitan avanzar hacia una fuerza marítima multinacional más integrada. El objetivo es fortalecer el flanco norte de la OTAN y garantizar la libertad de navegación y la protección de infraestructuras críticas frente a la actividad rusa.
La Royal Navy insiste en que el poder naval sigue siendo un pilar para la paz y la estabilidad, en un entorno donde la velocidad de desarrollo tecnológico y la adaptación operativa determinan el éxito en los conflictos contemporáneos. El proyecto de la Armada Híbrida y la creación de una “familia de flotas aliadas” reflejan una apuesta pragmática por la innovación y la cooperación, en respuesta a amenazas reales y crecientes en el norte de Europa.
El Gobierno británico ha anunciado el despliegue de drones, aviones de combate Typhoon y el buque HMS Dragon como parte de una misión multinacional destinada a proteger el Estrecho de Ormuz. La decisión, presentada por el secretario de Defensa John Healey durante una cumbre virtual que reunió a ministros de defensa de más de 40 países, busca garantizar la libertad de navegación y responder a las crecientes amenazas en la región.
La iniciativa contempla una inversión de 115 millones de libras esterlinas en tecnologías avanzadas para la detección y neutralización de minas y sistemas antidrones, en coordinación con los aliados internacionales. El Reino Unido, que ya cuenta con más de 1.000 efectivos desplegados en la zona, refuerza así su defensa de la seguridad marítima y la protección del comercio global.
No obstante, todavía existen muchos detalles por revelar de cómo serán estos despliegues. Según el Ministerio de Defensa, la misión es de carácter estrictamente defensivo y se activará cuando las condiciones lo permitan, con el objetivo de restaurar la confianza del transporte marítimo comercial en un paso por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial.
La contribución británica a la misión multinacional incluye la incorporación de equipos autónomos para la detección y neutralización de minas, sistemas antidrones de última generación, cazas Typhoon y el despliegue del destructor HMS Dragon. Para ello, Reino Unido hará una importante inversión en drones especializados en desminado y sistemas avanzados para contrarrestar amenazas aéreas no tripuladas.
El paquete de fuerzas contempla el uso del sistema modular “Beehive” de la Royal Navy, que permite desplegar lanchas autónomas Kraken capaces de identificar, seguir y neutralizar amenazas en el mar. El HMS Dragon, equipado con el sistema Sea Viper, ya navega hacia Oriente Medio tras completar un ciclo de entrenamientos adicionales para optimizar sus capacidades defensivas. Además, el buque RFA Lyme Bay está siendo modernizado para operar como plataforma nodriza de sistemas autónomos, ampliando la capacidad de respuesta británica en la región.
Durante la cumbre de este martes, organizada por las autoridades británicas y el gobierno de Francia, el secretario de Defensa John Healey subrayó el papel central del Reino Unido en la protección del Estrecho de Ormuz y destacó el valor de la tecnología de vanguardia para defender los intereses del país y de sus aliados. El Reino Unido formará parte de un cuartel general internacional encargado de coordinar los esfuerzos de la misión, que cuenta con la participación de más de 40 naciones.
La estrategia británica incorpora también equipos de especialistas en desminado militar, preparados en territorio nacional para intervenir en operaciones de limpieza de minas. Según el Gobierno, la operación multinacional mantendrá un enfoque exclusivamente defensivo y aspira a fortalecer la confianza de la navegación comercial, contribuyendo a la estabilidad de una de las rutas energéticas más importantes del planeta. El despliegue responde a la necesidad de proteger tanto a ciudadanos británicos como a socios estratégicos presentes en la región.
con ellos, pone a prueba su resistencia vital. Sin embargo, todos los implicados siguen adelante con su trabajo, pese a que el grado de intromisión de Washington les impide incluso usar una tarjeta de crédito. Para un tribunal como este, sin una policía propia, la única forma de defenderse es a través de la legitimidad y el apoyo de los países.
Por eso, la ofensiva del presidente Donald Trump por investigaciones relacionadas con Israel y con Afganistán ha destapado también el grado de valentía o resistencia que están dispuestos a exhibir los gobiernos democráticos que se declaran defensores de la justicia. Los mismos que, hace 24 años, pusieron en marcha el TPI para juzgar a los mayores responsables de los peores delitos: genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad, y agresión.
A lo largo de su historia, el tribunal no ha estado exento de críticas, como explica por teléfono Reed Brody, abogado estadounidense especializado en crímenes de guerra: “Los únicos acusados condenados por crímenes internacionales por el TPI en sus 24 años de existencia han sido rebeldes africanos”, afirma. Las cosas, reconoce, han cambiado con las órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y su exministro de Defensa, Yoav Gallant, por la guerra en Gaza. “Por primera vez, un tribunal internacional imputa al líder de un Estado aliado de Occidente”.
“Desde los juicios de Núremberg [contra dirigentes nazis], solo se había juzgado a enemigos derrotados, parias o adversarios de Occidente”, indica Brody. De ahí que el presidente Trump “haya resuelto coartar la vida de juristas y demás apoyos a la justicia internacional, sin que de momento haya habido una respuesta unida por parte del resto de países que sí son miembros del TPI”. Para este abogado, “Trump está tratando de destruir las instituciones internacionales, incluida la ONU, en su caso con la Junta de Paz que ha inventado [para Gaza]”.
Abierto en 2002, el TPI se rige por el Estatuto de Roma, del que forman parte 125 Estados. Durante los primeros años de su existencia, fue criticado por centrarse demasiado en África. En su primer caso completado, el TPI impuso 14 años de cárcel en julio de 2012 a Thomas Lubanga por el crimen de guerra de forzar a menores a luchar. Era un antiguo señor de la guerra congoleño que los reclutó entre 2002 y 2003, y fue un hecho histórico. En 2021, llegó la sentencia de 25 años para uno de aquellos antiguos niños soldado: el ugandés Dominic Ongwen, que fue uno de los comandantes de la organización extremista cristiana Ejército de Liberación del Señor.
En estos momentos, el tribunal investiga también delitos internacionales en Georgia, Bangladés, Myanmar, Filipinas, Venezuela, Ucrania, Lituania, Bielorrusia, Palestina y Afganistán. Y estos dos últimos casos son los que han desatado las sanciones.
Las grandes potencias, como EE UU, China, Rusia, India e Israel, no forman parte del TPI, pero sus nacionales pueden ser juzgados si cometieron un crimen en el territorio de un país que sí lo sea. Trump rechaza esa posibilidad para las tropas que estuvieron desplegadas en suelo afgano. Además, considera una intromisión contra un aliado las órdenes de arresto de Netanyahu y Gallant.E
El TPI ha pedido también la detención del presidente ruso, Vladímir Putin, por la deportación ilegal de niños ucranios. Y se dispone a juzgar al expresidente filipino, Rodrigo Duterte, por la muerte de al menos 78 personas en las campañas antidroga que acabaron con la vida de miles de personas en su país. A pesar de las tensiones, el tribunal, con sede en La Haya, sigue en marcha.
Larissa van den Herik, catedrática de Derecho Internacional en la universidad neerlandesa de Leiden, cree que el reto actual “es representativo de una crisis más amplia del orden jurídico internacional”. En su opinión, “este no se puede invocar unas veces sí y otras no, en función de intereses políticos”. En este contexto, el TPI “es la organización internacional más intrusiva, porque su objetivo son los líderes estatales”. “Era inevitable que hubiera mucha resistencia desde el principio”, explica la catedrática.
Las restricciones impuestas por Estados Unidos alcanzan a las ONG palestinas que contribuyen a la labor del TPI, “y están fuera del foco de atención a pesar de que les afecta aún más y repercute en las víctimas, y eso es algo sin precedentes”, dice Van den Herik. Le parece que “instancias privadas, como los bancos, deberían apoyar el Estado de derecho, del que también dependen la economía, las inversiones y las estructuras financieras”, y así se aliviaría la carga impuesta a todos los sancionados. Y si bien admite que es “un momento crítico para el tribunal”, advierte contra el hecho de que se tienda a juzgar su éxito o fracaso “a corto plazo”.
Ligeia Quackelbeen, experta en Derecho Penal Internacional en la Universidad de Tilburg, sostiene que la práctica reciente del TPI pone de manifiesto tanto su vulnerabilidad como la fortaleza. “Es vulnerable porque carece de un aparato policial y depende de la cooperación de los Estados”, explica. “La gestión italiana de la orden de detención de Osama Almasri [un general libio reclamado por el TPI por crímenes de guerra] muestra lo problemática que puede ser esa dependencia”, señala. Italia lo detuvo y luego dejó escapar, y una investigación reveló que el ministro de Justicia, Carlo Nordio, mintió al Parlamento.
A pesar de ello, Quackelbeen subraya que lo sucedido no convierte en irrelevantes las órdenes de detención. “Aunque las emitidas contra Putin o Netanyahu no se ejecuten de inmediato, siguen restringiendo su capacidad para viajar y actuar en el ámbito político y diplomático”, asegura. “Ese efecto no es meramente simbólico”.
La misma experta añade que “ir detrás de los mayores criminales es esencial”, y cree que el juicio contra Rodrigo Dutertepor crímenes contra la humanidad “marcará el rumbo del TPI en los próximos años”. Y hace una reflexión adicional. Esta: “El tribunal ha ido redefiniendo su papel dentro del orden de la justicia global, y apoya cada vez más a las cortes nacionales en sus esfuerzos por perseguir a los autores de crímenes internacionales”. Para el TPI no prevalece la inmunidad de un jefe de Estado o primer ministro cuando este ha cometido los peores delitos. Por eso solo se interviene cuando un país no puede o no quiere impartir justicia.
Caballeros, Samurai
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